mediodía
Puerto Madero.
Un banco acaparado.
Los zapatos acomodados a un costado.
El sol poderoso de las 13.
Alfredo Rosso y su análisis adolescente divertido del Album Blanco.
Rememorar la sabiduría de El Principito y añorar de alguna vida la primavera ácida del 68 francés más hippie.
Y el viento del río que oxigena las ideas.
Una sana insolación de dos horas.
Lo divertido de ver a los viejitos ejecutivos espiar de lejos las tiras negras del corpiño que se asoman desubicadas a través de la camiseta blanca.
Ni pensar que en breves momentos me espera la chatura en la oficina del castillo de Drácula.
Descubrir que de a poco desaparece el miedo a la muerte o la vida finalmente no es tan breve.
Y que hay conexiones que no se cortan tan fácil.
Y los sueños son una vía de encuentro alternativa que no tenemos que desaprovechar.
Empezar a planificar una vida lejos de tanto gris.








